¡Bienvenidos!

Bienvenidos a nuestro blog de fanfics acerca de "El Internado". Aquí podréis encontrar textos en todas las categorías posibles, desde los puramente románticos a aquellos que resuelven parte de la trama, pasando por los minifics o el humor.

El blog ha sido diseñado para haceros la navegación por él lo más sencilla posible. Por ello, en la columna de la derecha podéis encontrar todos los fics disponibles, con una breve sinopsis, la categoría o categorías a la que pertenece el texto y los personajes en los que se centra, además del autor del mismo.

Debajo podéis encontrar enlaces directos a todos los capítulos de la historia, de modo que podéis leer a vuestro ritmo y sin necesidad de buscar la entrada por donde os quedasteis, ya que se puede acceder a ella directamente. Así, cuando clickeis en un capítulo, ésa entrada aparecerá justo debajo de esta cabecera que estáis leyendo.

En cuanto a las categorías, vais a encontrar un código que os dirá de qué tipo es el texto que vais a leer. Dentro de estos diferentes tipos, encontraréis:

[ROM] Estos fanfics se centran en el desarrollo de una relación amorosa y los sentimientos de los personajes.

[ANGST] Fanfics para sufrir, para pasarlo mal con nuestros personajes favoritos.

[RES] El Proyecto Géminis y Ottox están más presentes que nunca en estos fics, centrados en resolver parte de la trama.

[HUM] Fanfics para reír.

Encontraréis también los tag [WIP] O [COMPLETO]. El primero hace referencia a "Work in Progress", es decir, que el fic está en fase de publicación, mientras que los fanfics con el segundo término ya se pueden leer enteros.

CONTACTO

Si tienes alguna duda o te apetece publicar tu fanfic en este blog, sólo tienes que ponerte en contacto con nosotras a través del Blog de Marta Torné o bien a través del Blog de Raúl Fernández, en las direcciones de correo que encontraréis en las mencionadas páginas.

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Mostrando entradas con la etiqueta Escrito en las estrellas. Mostrar todas las entradas
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Escrito en las estrellas. Capítulo XIII (y último).

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Llegaron a un restaurante, aparcaron el coche y entraron. María no hacía más que dirigirle sonrisas a y Fermín se las devolvía todas, algunas con un guiño de ojo incluido. Carlos se acercó a un camarero, mientras María le observaba, atenta. Habló con el camarero y este les dirigió a una mesa, apartada del resto. En el restaurante había pocas personas, la mayoría de ellas parejas.

- ¿Qué le decías al cocinero? - María bromeó con Fermín cuando el cocinero se hubo marchado - no andarás con sobornos ¿no?

- Qué poco te fías de mí.

- Más de lo que debería.

- Cómo te he dicho antes. Quería compensarte. Por no haber celebrado tu cumpleaños aquel día - cuando María iba a decir algo, Carlos se le adelantó - Bueno y porque quería pasar este rato contigo, que nunca hemos tenido una cena así, solos.

- Gracias Fermín - el camarero le interrumpió.

- Aquí tienen la carta del menú ¿qué desean tomar?

Pidieron los dos un vino, a elección de Carlos, que entendía más que María del tema. La cena transcurrió tranquila entre miradas y sonrisas. Carlos le cogió la mano a María, que en ese momento la tenía sobre la mesa.

- María, sabes que hasta ahora no hemos estado siempre tan bien cómo queríamos, pero a partir de ahora las cosas van a cambiar. Tú eres mi vida y no quiero perder todos los momentos que podemos vivir juntos - María escuchaba emocionada - Cómo todos esos momentos que ya hemos pasado. Porque desde que te conocí has sido mi mayor misterio. Porque confiaste en mí para contarme lo de tu hijo… aunque al principio te molestaba que te preguntase… - los dos rieron, reconcordando viejos tiempos en el internado. Pero aquel día entraste por mi ventana y me lo contaste todo.

- Y tú me ayudaste, sin pedir nada a cambio - resaltó María - Y me has ayudado tanto desde entonces…

- Por todo eso, quiero estar siempre a tu lado y, aunque, sé que - se sacó algo del bolsillo, era una cajita pequeña, cuadrada - no te gustan los compromisos… - . Se arrodilló en el suelo, junto a María y sacó un anillo precioso de aquella pequeña caja. Se lo colocó a María en el dedo, con suma delicadeza, mientras María lloraba, tremendamente emocionada. - ¿quieres casarte conmigo?

Escrito en las estrellas. Capítulo XII.

María se alejó por el hall, hasta las escaleras y subió al segundo piso. Directamente te dirigió a la
Habitación del fondo a la derecha. No tenía ganas de estar husmeando por la casa. Todo estaba cuidado al mínimo detalle.
Encima de un escritorio había un teléfono, así que aprovechó aquella ocasión para llamar a Iván. Estuvieron hablando un rato. Iván le dijo que estaba bien. María le notó especialmente cariñoso y amable, algo que su hijo no mostraba de forma habitual.

Optó por no bajar al piso de abajo en toda la tarde. No quería convertirse en una molestia para Saúl, que a lo mejor estaba ocupado. Así que se pasó toda la tarde metida en aquella habitación. Estuvo mirando algunas revistas, y cuando las había revisado más de tres veces, se tumbó sobre la cama y el cansancio pudo con ella. Hasta que, a las ocho en punto, sonó el despertador de la mesilla. Era un despertador sencillo y gris. María hubiese jurado que aquel despertador no estaba allí antes. Se incorporó, frotándose los ojos y se fijó en una pequeña nota que había sobre la cómoda. Se levantó y la cogió.

“Abre el armario y ponte lo que encuentres.
Te espero en la puerta del jardín, a las 22:00”


Le faltó tiempo para abrir el armario. Su cara se llenó de sorpresa cuando vio un vestido beige, precioso, colgado de una percha. ¿Cómo podía ser que dos personas se conociesen tanto? Aquel vestido le gustaba un montón, no podía ir mejor con su personalidad. Al lado del vestido, en otro estante, había posados unos tacones a juego con el vestido.

María estaba nerviosa por encontrarse con Fermín de nuevo. Estaba segura de que mientras ella dormía, se había colado en el dormitorio y lo había preparado todo. La ilusión había vuelto a su rostro. No sabía qué le tenía preparado Fermín, pero de lo que estaba segura era de que esta vez era de verdad. No iba a dejar que su relación se estropease por cualquier tontería o capricho de ninguno de los dos. Se querían y eso era lo importante.

A las diez menos un minuto, María bajó las escaleras y recorrió el hall hasta llegar a la puerta del jardín. Allí estaba él, trajeado y más guapo que nunca. No dijeron nada. Simplemente te acercaron y se besaron.

- Bueno, ¿me vas a decir a dónde vamos?

- A resolver un asunto pendiente. Sube.

Los dos subieron al coche . Carlos le guiñó un ojo y le sonrío. Estaba feliz, contento, la preocupación que durante todo aquel tiempo frenaba su relación con María, había desaparecido de su cara.

- ¿ A qué hora has llegado?
- Mientras dormías. Respecto a eso… antes de que me preguntes: sabía que te quedarías dormida. Eres tan humilde que no ibas a bajar al piso de abajo, por el simple hecho de no molestar y en la habitación hay poco con lo que entretenerse…

- Ah… cómo me conoces… - los dos soltaron una carcajada.

- No lo sabes bien - se pasaron todo el camino entre risas.

Escrito en las estrellas. Capítulo XI.

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Después de comer, salieron de la casa. María cogió su maleta y algunas fotos que había encontrado en la casa. Quería enseñarle a Iván fotografías de su familia.
Montaron en el coche, cuando Carlos se sentó en el asiento del conductor, un escalofrío le recorrió el cuerpo, recordando que la última vez que había subido al coche había sido para deshacerse del cadáver de aquel hombre al que él mismo había matado. María lo notó y le dio un beso en la mejilla.

María creía que volvían al internado, pero Carlos se dirigió a un sitio muy distinto. Se dirigieron a un chalet, que María no conocía.

- ¿Qué es este sitio? - preguntó María - ¿No íbamos al internado?

- No voy a dejarte volver allí María.

- ¿Qué? - María no podía creer lo que Fermín le estaba diciendo. En el internado estaba Iván y ella tenía que volver a su lado y asegurarse de que estaba bien, después de lo que habían intentado hacerle a ella ya no iba a volver a dejarlo solo. Las palabras de Fermín le dejaron indignada.

- Confía en mí ¿vale? - aquí vas a estar a salvo, a demás vuelvo enseguida no te preocupes. - Sus palabras le transmitieron tranquilidad.

- ¿Me lo prometes? - María tenía miedo. Miedo a que salga de allí y no vuelva.

- Ey. Claro - Se acercó a ella y la besó - Ven, te voy a presentar a alguien, con él estarás a salvo.

- ¿Con quién?

Carlos le condujo hasta dentro de la casa. Cruzaron el jardín primero, desde luego, que sea quien sea el dueño de la casa, tenía bastante dinero, aquello estaba rodeado de lujo. Cuando entraron a la casa había un hombre mayor esperándoles.

- Hola Saúl - después se dirigió a María - mira María, este es Saúl. Un viejo amigo.

- Hola - Saludó Saúl, con una voz áspera y muy peculiar. María le sonrió a modo de saludo. Todavía estaba algo cabrada con Fermín. ¿le iba a dejar allí sola con ese hombre al que no conocía de nada?

- Es de confianza y no te preocupes, antes de que te des cuenta estaré de vuelta - acto seguido le besó.

Saúl les observaba en silencio, recordando viejos tiempos.

- María, si quieres puedes ir a ver el piso de arriba y si te apetece descansar, puedes hacerlo en la habitación del fondo a la derecha.

María pilló la indirecta, le estaba invitando a que les dejase a solas. Saúl debía de ser uno de los jefes de Fermín. Antes de subir al piso de arriba, miró a Fermín y le dijo:

- Ten Cuidado.

- Bah. Por Fermín no te preocupes, él sabe qué hacer en cada momento - parecía que Saúl le conocía muy bien.

Escrito en las estrellas. Capítulo X.

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Carlos entró en la ducha. María, tumbada en la cama, lloraba, desconsolada. No quería saber qué era lo que había pasado entre Fermín y Rebeca. Él tenía derecho a hacerlo, a olvidarle a ella, pero aún así le dolía. Cuando escuchó la puerta del baño y el agua correr, se secó las lágrimas y se incorporó en la cama. Decidió olvidar el tema, no iba a ser más egoísta con él, era ella la que le dejó solo y lleno de dolor.

Se levantó y se dirigió al baño. Tenía que coger la ropa de Fermín y echarla a lavar, debería haberlo echo la noche anterior, pero no se dio cuenta. Fermín no había traído más ropa que la puesta y no podrían comprar nada por allí ya que en aquel lugar no había tiendas de ropa.
Entró sin llamar. Fermín estaba metido en la ducha, tras la cortina.


- Fermín te cojo la ropa ¿vale?, la voy a meter en la lavadora.

- y ¿qué me pongo?

- Te dejo aquí encima un albornoz - María se fue sin decir nada más. Carlos se olió que hubiese escuchado la conversación con Rebeca. Anoche estuvo muy cariñosa con él y ahora de repente la notaba tajante y fría, lejos de él.

María estaba calentando dos vasos de leche en el microondas de la cocina cuando entró Carlos. María se quedó mirándole. No quería reírse porque no estaba con mucho humor, pero no lo pudo evitar.

- Perdona Fermín - dijo entre risas - pero es que no puedo evitar reírme.

- Me podrías haber dado una toallita a lo Espartaco - dijo bromeando - esto me queda enorme, y no te rías que ya me siento lo suficientemente ridículo eh.

Estuvieron allí desayunando entre risas un buen rato. Ese momento fue uno de los más felices desde su reencuentro después de lo que había pasado, no pensaban tener un momento así, juntos y poder olvidarse de todo, de cualquier problema.
La secadora hizo su habitual aviso y mientras Carlos se vistió, María se dirigió al dormitorio y se quedó mirando a Fermín, pensando qué les depararía el futuro.

- Fermín ¿qué vamos a hacer ahora?

- Deberíamos marcharnos antes de que se atrevan a mandar a más tíos como aquel - al ver la cara de María, la tranquilizó - eh. eh - se acercó a ella y le cogió la mano - nadie te va a hacer nada ¿me oyes? Además tal y cómo están las cosas en el internado no creo que pierdan el tiempo con esto.

- En el internado ¿qué está pasando en el internado? - María se puso histérica - Fermín tenemos que ir. Iván está allí¡

- No te preocupes. No está pasando nada. - le tranquilizó - Iván está a salvo. Olvida lo que te he dicho. Escúchame María, tengo que hablar de contigo - aprovechó a cambiar de tema. Ya era hora de contárselo. Carlos le pidió a María que se sentase en la cama - cuando te fuiste - le costaba decírselo.

María tragó saliva. Sabía lo que le iba a contar y no sabía si quería escucharlo. Carlos bajó la cabeza y la pegó contra sus manos, tenía que encontrar la forma de decírselo.

- Cuando te fuiste yo me quedé roto de dolor. No sabía cómo iba a superar no tenerte a mi lado una vez más. Tampoco quería buscarte, para no ponerte en peligro. Me tenía que alejar de ti y olvidarte y creí que la única forma de hacerlo sería si…

María posó su mano sobre los labios de Carlos para que no siguiese hablando. No quería saber más. Fermín tenía sus razones y no quería hacerle sufrir más.

- Fermín, no hace falta que digas nada. Tenías tus razones. Lo importante es que ahora estemos juntos y ya nada nos va a separar.

- Nunca - Fermín, acabó la frase y se acercó a ella. Se miraron a los ojos y poco a poco acercaron sus caras hasta que se rozaron, su respiración se unió y sus labios se rozaron hasta convertirse en un beso. Un beso que selló todo lo pasado. Se saborearon durante un rato y al final María le abrazó.

- No sabes cuanto te he echado de menos.

Escrito en las estrellas. Capítulo IX.

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Carlos se despertó a las seis de la mañana. Aprovechó que María dormía para llamar a Rebeca. Tenía que hablar con ella y tenía que saber si habría avanzado algo en la investigación. El primer viaje comunicaba, pero volvió a intentarlo. Si no hablaba con ella en ese momento, no lo podría hacer luego delante de María.

- ¿Si? - La voz de Rebeca, le dijo a Carlos que acababa de despertarle. Carlos avanzó unos pasos hasta llegar al pequeño salón, de menos de 10 metros cuadrados. No quería despertar a María. Lo que él no sabía es que ya la había despertado y estaba escuchando su conversación con Rebeca.

- Rebeca.

- Dime Carlos, ¿estás bien? Saúl me ha contado lo del tipo ese que quería matar a María.

- Sí. - los dos se quedaron callados - tuve que hacerlo, estaba apuntándole y la iba a matar. - Rebeca notó cómo la voz de Fermín se iba a acelerando.

- No te culpes. Tenías que hacerlo, no ibas a dejar que le haga nada.

- Rebeca, quería habar contigo de lo de la otra noche.

¿De lo de la otra noche? María escuchaba las palabras de Fermín desde el dormitorio. No entendía por qué había llamado a Rebeca, seguramente estaba relacionada con sus asuntos por el internado, ya que la había visto varias veces hablando con él por la biblioteca del internado y alguna otra vez que ella se había acercado a la cocina para comentarle, misteriosamente algo de la comida. Pero ¿lo de la otra noche? Qué había pasado la otra noche?

- Carlos, los dos intentábamos olvidar a quienes queremos de verdad. No te preocupes, por mi parte está olvidado. No pasó nada.

- Gracias Rebeca - Esas palabras y su comprensión tranquilizaron a Carlos - lo que no sé es cómo se lo va a tomar cuando se lo cuente.

- Bueno, en ese momento no estabais juntos.

- Ya, pero yo me siento culpable, siento que la he traicionado - Hubo dos segundos de silencio. Rebeca no supo qué decirle. Carlos, incómodo cambió de tema y le preguntó sobre la investigación.

Rebeca le comunicó que ya iba avanzando y que de momento había conseguido sacar a los mendigos de los pasadizos.

- Vale, seguramente a la tarde estaré allí.

Escrito en las estrellas. Capítulo VIII.

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Cuando Carlos entró al cuarto de baño, María cogió la ropa sucia de Fermín y dobló sus pantalones, aún le valdrían hasta mañana, porque no tenía otros. Los dejó junto a su camiseta, que no pudo evitar olerla una vez más. Todas las noches que había pasado allí, había dormido abrazando aquella camiseta. Cogió la camiseta sucia de Fermín, que tenía una gran mancha de sangre y la metió en la lavadora.

Mientras Carlos, en la ducha, no podía evitar sentirse culpable. Quería a María, le seguía queriendo como siempre, pero aquella noche en el internado, le había traicionado con Rebeca y no podía mirar a María a los ojos, sin contarle la verdad. Tenía que contárselo y tenía que hablar con Rebeca.

Cuando Carlos terminó de vestirse, encontró a María en la cocina. Estaba sentada en una de las sillas que había junto a la ventana. Tenía la mirada triste y pensativa. Cuando se dio cuenta de la presencia de Fermín, se puso en pie.

- Te he preparado algo de cenar.

Carlos vio que encima de la mesa había una tortilla de patatas y un vaso de agua. Lo agradecía muchísimo, ya que su estómago estaba pidiendo algo a gritos desde hacía unas horas.

- ¿Tú ya has cenado? - Carlos intentaba no estar mal delate de María, a pesar de cómo se sentía realmente.

- No. No yo no tengo hambre - Carlos se sentó a cenar y María se sentó a su lado.

- María - Pero ella se le adelantó.

- Fermín. Yo quiero explicarte por qué me fui y porque no me despedí de ti ni te di ninguna explicación.

- María no las merezco. Yo nunca te he dado ninguna explicación nunca. No hace falta que tú me las des a mí ahora.

- Pero es que quiero dártelas.

Eso no hizo más que Carlos se sintiese más culpable todavía. No se atrevía a contarle nada a María, mientras ella estaba siendo sincera con él.
María, entre sollozos, le contó cómo había tenido que huir porque Noiret le estaba buscando. Y la razón por la que no se había despedido de él, fue que no podía. Le dolía demasiado tener que decirle adiós, pero sabía que él tenía que quedarse allí a resolver sus cuentas pendientes. También se atrevió a darle las gracias por haberle sacado del psiquiátrico, que aquello había sido un infierno para ella, y él la había sacado de allí le cotase lo que le costase.

Cuando María se hubo tranquilizado, entre palabras de disculpas y otras tantas cariñosas de Fermín, este le preguntó:

- ¿Dónde voy a dormir?

- Puedes dormir en la cama conmigo - propuso María - bueno, se que la cama es algo pequeña, pero es que el sillón es bastante más incómodo.

Carlos aceptó, aunque intentaba no acercarse tanto a María hasta no haberle contado la verdad, pero estaba encantado con no tener que dormir en un sofá. Carlos se disponía a acostarse con los vaqueros puestos. Cuando María lo vio se quedó asombrada; vale que en ese momento no estaban juntos y tenían que hablar muchas cosas, pero ambos tenían la suficiente confianza como para dormir en ropa interior.

- ¿No te los vas a quitar?

Carlos no supo qué contestar, pero María se puso amable con él e intentó bromear:

- Tu mismo. Estarás incomodísimo con esos pantalones tan ajustados que llevas, pero si prefieres dormir así…

Carlos soltó su particular carcajada y se los quitó. La cama era demasiado estrecha, más incluso que la del dormitorio del internado. En un intento de darse la vuelta, Carlos casi se cae de la cama. María no pudo evitar reírse.

- Nunca pensé que existiría una cama más estrecha que la de mi dormitorio.

- Tendrás que abrazarte y pegarte bien a mí para no caerte - dijo María entre risas, que aprovechó la ocasión para sentir el calor de Fermín y sentirse arropada como tanto había añorado. Y Carlos se sintió su protector, por tenerla entre sus brazos. Al día siguiente se lo contaría todo y se disculparía con ella.

Escrito en las estrellas. Capítulo VII.

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Tardó media hora en llegar al pueblo. Era un lugar aparentemente deshabitado. Las dos únicas personas con las que se cruzó fueron dos mujeres mayores. Temía preguntarles a ellas, ya que se imaginó que serían las típicas mujeres de pueblo, cotillas y preguntonas. Pero tuvo que preguntarles. Bajó la ventanilla del coche y les llamó. Mostrando su mejor sonrisa:

- Perdonen. ¿Han visto ustedes por el pueblo a una chica joven, guapa … morena?

- Este está hablando de la sobrina de la Antonia - dijo la más mayor de las dos - la única chica que se ha atrevido a volver al pueblo después de tanto tiempo ¿sabes? Lleva aquí dos semanas más o menos, aunque no sale mucho. Es que este pueblo es muy pequeño y ya solo quedamos esta, yo. el marido de la …

- Y ¿saben dónde está? - Carlos les interrumpió, sintiendo que se molestasen.

- Hace un rato estaba en la tienda de la Martina. Pero ya ha tenido que volver a casa. Mira tu cruzas la esquina de la calle esta y luego otra a la derecha. En esa calle, la segunda a la derecha, esa es. Nosotras te acompañaríamos, pero es que hay misa de doce, hasta la una y nosotras con lo mayores que somos, ya tenemos que ir todos los días.

Carlos maldecía por lo bajo. Tenía que irse. No podía perder más tiempo o podría ser ya demasiado tarde.

- Vale, gracias señoras. Pues voy a ver si la encuentro. Hasta otro día.

Carlos se alejó y siguió la dirección que le habían indicado aquellas señoras. Aparcó que coche en la primera de las dos calles. Si había alguien por allí, prefería pillarle por sorpresa. Aunque no creía que esos tipos eligiesen un lugar tan pequeño y a plena luz del día para matar a alguien, pero tenía que ser precavido. Cuando se disponía a doblar la esquina, se fijó en un tío que había en un portal de una casa a la izquierda. El tipo tenía una pistola y se disponía a disparar contra alguien. Cuando Carlos giró la cabeza vio allí a María, buscando las llaves dentro de su bolso, para entrar en casa. Carlos tuvo el tiempo justo para sacar su pistola y pegarle un tiro antes de que él acabase con la vida de María.
No pudo pensar, lo hizo y ya está.

Lo único que se escuchó después fue un grito ahogado de María, que se volvió rápidamente al ver a Fermín y corrió hacia él.
Carlos se arrodilló en el suelo, llorando, se llevó las manos a la cabeza. No podía creer lo que acababa de hacer. Era un asesino. María se arrodilló junto a él, abrazándole e intentando calmarle, a pesar de que ella estaba tan nerviosa como él. Pero tenían que reaccionar, los vecinos habían oído el disparo y aunque, seguramente estarían la mayoría en misa, no tardarían en enterarse de lo que acababa de pasar.

- Fermín. Fermín mírame - Carlos apenas pudo mirarle - tenemos que ocultar el cuerpo, los vecinos se van a enterar.

La reacción de María parecía fría, pero todo se debía a su anterior experiencia, la navidad pasada, cuando Iván mató a un hombre que estaba a punto de matarla a ella. Entonces ella se tuvo que encargar de ocultar el cuerpo para que nadie descubriera lo sucedido, Sabía que no podían pensar, tenían que reaccionar cuanto antes.
Carlos se levantó y corrió hacia el cadáver de aquel hombre al que acababa de matar. Parecía que había reaccionado. María fue tras él.

- Ayúdame - Carlos cogió la pistola de ese tipo y ahora intentaba levantarle a él.

- ¿Qué vas a hacer con él?

- Ayúdame a llevarlo al coche. Rápido.

Entre los dos, lo metieron en el maletero del coche y Carlos entró en el asiento delantero. Cuando María se disponía a entrar en el asiento del copiloto Carlos se negó tajantemente.

- No. Espera aquí. En un rato vuelvo.

María se limitó a hacerle caso y se quedó allí. Lo primero que hizo, fue limpiar la sangre con su chaqueta de algodón y con agua que cogió de las bolsas que había comprado minutos antes en la pequeña tienda del pueblo y había soltado allí de golpe al oír el disparo. Temió que los vecinos se estuvieran acercando ya hacia allí. Habían tenido suerte en que la iglesia estaba a las afueras del pequeño pueblo y con suerte, los vecinos no habrían oído ni el disparo.
Entró en la casa y se dirigió a la cocina. Metió su chaqueta, manchada de sangre, a la lavadora y se sentó en el sofá del salón a esperar a Fermín.

No tenía ni idea de cómo le había encontrado, ni que hacía allí, quién era el tipo al que había matado por salvarle la vida a ella, una vez más. María se llenó de lágrimas desconsolada y sin saber qué pensar. Le temblaban las piernas. Tuvo que hacerse una tila. Antes de que Fermín volviese le dio tiempo a prepararle algo para cenar, aunque no sabía si tendría hambre (ella al menos, tenía el estómago cerrado), y a meter su chaqueta en la secadora. Estaba anocheciendo y Fermín no había regresado, María empezaba a ponerse más nerviosa, si cabía.

A las doce y tres minutos de la noche, golpearon la puerta. María se acercó corriendo hasta la puerta y miró por la mirilla asegurándose que fuese él.
Cuando le abrió la puerta y entró, sus miradas se cruzaron y sin decir nada, se abrazaron. Los dos lo necesitaban y cada uno sentía que el otro necesitaba más comprensión y cariño en esos momentos.

- Fermín ¿qué has hecho con él?

- No preguntes, no quieras saberlo. Será mejor que te olvides de lo que ha pasado antes. Será lo mejor.

- Pero… ¿cómo supiste que estaba aquí? - María sabía que tenía razón. Lo mejor era no saber quién era aquel tipo, no querer saber nada ni querer averiguar la verdad, e intentar pensar en otras cosas.

- Ah, esto me recuerda que tienes que llamar a Iván. Ha sido él quien me ha avisado. Y estaba muy preocupado, no le has contestado al móvil.

- Iván - María recordó que la noche anterior su móvil se le había caído y ahora no funcionaba. Fermín le prestó el suyo.

- Pero ¿qué le digo? No puedo decirle que… no puedo contarle lo que ha pasado.

Decidieron contarle a Iván que todo había sido una trampa de Noiret para que María regresase al internado y así tenerla controlada, pero que ahora ya estaba a salvo y estaba bien.
Carlos observaba a María hablar por teléfono con Iván. Le encantaba ver cómo hacía de madre protectora y cómo se preocupaba por él.

- Y ¿Seguro que estás bien? ¿Noiret no te seguirá molestando verdad?(…) sí. Sí todo ha sido un susto (…) cuídate. Te quiero (…) y ten cuidado con Noiret. No te metas en más líos (…) Un beso.

En cuanto María terminó su conversación telefónica con Iván, se volvió hacia Fermín. Se le notaba más tranquila.

- Dice que está bien y que Noiret no le ha dicho nada - María se sentía mal por todo lo que había pasado. Su voz estaba triste y apagada. Todo lo que había pasado había sido por su culpa, por haber querido alejarse del peligro y de los problemas, cuando los problemas estaban destinados a encontrarla a ella. Si no se habría ido, las cosas, tal vez, hubiesen sido mejor.
Carlos esbozó una sonrisa.

- ¿Quieres darte una ducha? Te sentará bien - Carlos asintió, en realidad lo estaba deseando. Necesitaba darse una ducha y estar un rato a solas.

María le mostró dónde estaba el baño y le sacó una toalla limpia del armario.

- Luego … no voy a tener nada limpio que ponerme

- No, espera un momento - María se dirigió al armario de su habitación. Carlos esperaba que no le sacara una camiseta suya, porque con el tipazo que tenía María, le quedaría más bien ajustada. Pero lo que María sacó fue una camiseta suya, de Carlos.

María le dio la respuesta de porqué tenía una camiseta suya, a modo de disculpa:

- Me la llevé. Cuando me marché del internado. Necesitaba tener algo tuyo Fermín y la camiseta además huele a ti…

Carlos, sorprendido, no pudo evitar darle una de sus mejores sonrisas, pero se sintió culpable.

Escrito en las estrellas. Capítulo VI.

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Carlos salió con el coche de allí. Tenía que encontrarla y ponerla a salvo. Como no llegase a tiempo no se lo perdonaría en la vida.
Pero iba sin rumbo fijo. ¿Dónde estaba María? Tuvo que parar el coche un momento a un lado del viejo camino que salía del internado. Necesitaba pensar, recordar. Los dos habían hablado millones de veces de irse de allí, en algún momento le habría dicho algo. Recordó un momento en especial...

Estaban los dos tumbados en la cama, desnudos. Mientras él le acariciaba el pelo, ella tocaba sus manos y hablaba de un futuro. Un futuro en el que los dos estarían fuera del internado.

- Y tú me cocinarías para mí. Sólo para mí. Encenderías el fuego de la cocina, abrirías el armario de la esquina para coger el salero del tercer estante y echarle a mi comida esa pequeña pizca de sal.

- Parece cómo si pensases en una cocina en concreto. ¿A dónde te gustaría ir?

- Uy, por mí, a una casa en la playa - no pudo evitar soltar una carcajada - pero supongo que el sueldo de una limpiadora y un cocinero no dan para tanto. No?

- Hum … No. Me da que no. Y los treinta millones ya no los tenemos … - los dos volvieron a reír.

- No. Pensaba en una casita que tenía mi tía en un pueblo. A las afueras de Madrid, en un pueblito muy pequeño. Moncal. Es un pueblo poco conocido y muy tranquilo. Mis padres me mandaban allí en verano, con mi tía.
Hasta que murió. Ese lugar es de los pocos que recuerdo con ilusión de mi infancia.

Tenía que probar suerte allí. María recordaba ese sitio con nostalgia y probablemente había ido a ese lugar.
No sabía exactamente dónde estaba Moncal, así que lo tuvo que localizar en el GPS. Iba lo más rápido que podía, en ese momento no podía controlar la velocidad, no tenía tiempo que perder. Si esos cabrones la localizaban, no dudarían en matarle.

Escrito en las estrellas. Capítulo V.

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Carlos no daba crédito a lo que acababa de escuchar. María estaba en peligro. Pensaba que al haberse alejado de él dejaría de correr peligro continuamente. Se apartó con Iván a una esquina:

- ¿Cómo que está en peligro? ¿Qué ha pasado?

- Es mi padre. Me ha dicho que mandado a un tío para que se la cargue. Fermín mi
madre ya no les interesa, se la van a cargar - Iván estaba desesperado, incluso
se le escapaba alguna lágrima. Carlos nunca lo había visto así. - Yo, yo no puedo ir
porque mi padre me tiene controlado, pero tú sí.

- ¿Le has dicho algo a ella? ¿le has llamado? - preguntaba Carlos a Iván mientras, ya en su habitación, recogía su mochila para ir a buscarla.

- Apagado o fuera de cobertura.
- Joder … - Carlos cargó su pistola, mientras Iván le miraba atónito y asustado. Nunca le había visto con un arma y aunque sabía que no era el cocinero por el que se hacía pasar, no se lo imaginaba agarrando una pistola . Y ¿dónde está? - preguntó Carlos.

- No lo sé. Yo solo le di algo de dinero y … - recordó algo que le había dicho - me dijo que iría al único sitio donde podría descansar ¿te sirve eso? ¿te dice algo?

Carlos negó con la cabeza y salió de allí.

- Fermín

Carlos se detuvo a escuchar a Iván.

- Llámame con lo que sea. Por favor.

Escrito en las estrellas. Capítulo IV.

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Tras preparar el desayuno para los alumnos del internado, Carlos se dirigió a su habitación. Necesitaba estar a solas. Pensar en lo que acababa de hacer. Por un lado sentía haber traicionado a María, sintió haberla traicionado como nunca lo había hecho, pero a su vez, sentía la necesidad de olvidarla y Rebeca y él podrían llegar a quererse algún día. María había decidido alejarse de él y de todos los peligros que la rodeaban cuando estaba con él. Lo iba a intentar, intentaría empezar algo con Rebeca.
Cuando bajaba al comedor a recoger el desayuno, se encontró con Rebeca:

- Fermín.

- ¿Ahora me llamas Fermín?

- En lugares públicos es mejor que lo haga ¿no?

-Hem… sí supongo. - Rebeca soltó una carcajada.

- ¿Nos vemos luego?




Carlos simplemente le guiñó un ojo y se quedó mirando cómo se alejaba hacia el aula de cuarto.

- ¿Qué pasa? ¿Ya te has olvidado de mi madre?

A Carlos, aquello le sentó como una puñalada. Cuando se volvió, allí estaba Iván, mirándole sarcásticamente, nada nuevo.

- Iván ¿qué dices?- Carlos no le iba a pasar ni una más. No estaba dispuesto a que le tratase mal. Él había estado todo el verano luchando por sacar a María del psiquiátrico y cuando lo consiguió, fue ella la que se marchó sin darle explicaciones.

- No por el buen rollito ¿no? Con Rebeca digo.

Cuando Carlos iba a contestarle, Iván se le adelantó, pero esa vez en un tono más serio, preocupado:

- Bueno, no he venido para decirte eso. Necesito que me ayudes. Es mi madre: está en peligro.

Escrito en las estrellas. Capítulo III.

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Las dos semanas siguientes transcurrieron tranquilos, sin ninguna novedad, excepto en la investigación, que avanzaba a pequeños pasos: de momento ya sabían que las personas que Rebeca había visto en su visión eran mendigos utilizados por Ottox, cobayas que la farmacéutica utilizaba para inyectarles un virus en el cuello. El brazo ejecutor: Lucía.
Respecto a María, Carlos empezaba a dejar de pensar en ella. Se había cruzado casi a diario con Iván, con quien ella seguro que mantenía llamadas para informarse de cómo estaba, pero él no le decía nada. Creía poder olvidarla fijándose en Rebeca, quien había decidido alejarse de Martín. Incluso aquel día sucedió algo que ninguno de los dos había previsto:

- Bueno, pues ahora no hay nada que hacer hasta que Saúl analice qué es exactamente ese virus - dijo Carlos, sentado sobre la cama de Rebeca.

-Si - Hubo medio minuto de un silencio, algo incómodo - Bueno y.. ¿qué tal llevas lo de María?

- Ni siquiera me ha llamado. Está claro que no quiere saber nada más de mí. Mejor así, no le volveré a poner en peligro - ¿y tú qué tal con Martín?

- Ya te dije que eso se ha acabado. No quiero saber nada más de él. Si no ha querido contarme nada.. no ha confiado en mí y ahora me evita.

- Yo a María tampoco le conté nada. Ni siquiera sabía quién era, a qué me dedicaba antes de esto… A veces quería poder acabar con todo, contárselo todo, que sepa a dónde iba todas las noches que no pasaba con ella y…

- A mí no tienes que ocultarme nada.

- ¿Qué? - Carlos no entendía qué quería decirle Rebeca. Pero no tardó en comprenderlo. Quería que empezaran una relación los dos juntos. Los dos conocían todo del otro, sin ningún secreto, nada que ocultarse.

Rebeca se abalanzó sobre él sin que pudiese decir nada. Le empezó a besar suavemente, acariciándole la cara a la vez. Pero ninguno de los dos paró y esa noche se fundieron entre las sábanas.

Escrito en las estrellas. Capítulo II.

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Tomó nota de la dirección que le dio Saúl y cerró la tapa del móvil. Cogió unos pantalones negros y una camiseta que tenía sobre la silla y se vistió. Fue al baño a lavarse la cara. Cuando se miró al espejo se vio peor que nunca, tenía los ojos hinchados y unas ojeras enormes. Una vez se hubo lavado la cara, cogió su chaqueta y se dirigió a la habitación de Rebeca. Tenía ganas de ponerse en marcha. Por fin algo que le tuviese distraído.
Cuando llegó a su puerta pegó con los nudillos varias veces. Temió que Rebeca estuviese con Martín allí, aunque lo descartó enseguida: Martín llevaba días sin querer acercarse a Rebeca.
Como nadie contestaba, Carlos se atrevió a entrar. Rebeca estaba allí, durmiendo. Envidió tener el sueño tan profundo como el de ella.

- Rebeca. Rebeca - Fermín la zarandeó para despertarla, intentando no ser brusco.

Ella abrió los ojos y se asustó al ver allí a Carlos.

- ¿Qué ha pasado?

- Saúl ha llamado y me ha dado más datos sobre el hombre que se
Llevó Lucía. Tenemos que ponernos en marcha.

- ¿A dónde?¿Qué hora es? Y..¿qué te ha dicho?

- No hay tiempo, te lo explico por el camino.

Rebeca, todavía medio dormida, se levantó y se dirigió al baño. No llevaba pijama, ni camisón. Simplemente iba en ropa interior. Carlos, al verla, se quedó sorprendido. No esperaba tanta confianza en él como para salir en ropa interior de su cama, estando él delante.

- Si quieres… espero fuera.

- No. No me cuesta nada vestirme.

Rebeca salió del baño, todavía en ropa interior y se dirigió al armario. Carlos no pudo evitar echarle un vistazo de arriba abajo mientras ella elegía su ropa. Nunca se había fijado en el gran atractivo físico de Rebeca. Tal vez ella podría… No. Era una decisión absurda. Aunque a ella no le tendría que ocultar nada como lo había estado haciendo con María. Y no solo no tendría que ocultarle sus constantes excursiones sino que además, ella le acompañaba en todas. A parte de esto, tal vez ella también quería olvidarse de Martín.
Rebeca salió, ya vestida, del cuarto de baño:

- ¿Vamos o qué? - Carlos se había quedado hipnotizado y pensativo mirándola.

- Sí. Si.

Escrito en las estrellas. Capítulo I.

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El agua resbalaba por su nuca, se agarró el pelo, la cabeza, intentando asumir lo que había sucedido. Llevaba allí más de una hora; ya no sentía ni la temperatura del agua. Sus palabras resonaban una y otra vez en su mente.

“Tengo que irme. Empezar de nuevo.
No quiero decirte adiós, porque me duele demasiado.
Me has salvado tantas veces
y ni siquiera lo sabes.
Te quiero y nunca te olvidaré”


Habían hablado tantas veces de ello, de irse de ese lugar, empezar una nueva vida. Juntos. Carlos creyó que a pesar de lo mal que habían estado las cosas antes del verano, ahora que le había sacado de allí volverían a intentarlo. Todas sus intenciones de mantenerla a salvo, a su lado y quererle más que nunca se habían desvanecido con la marcha de María. Pero ya estaba todo decidido: se había marchado, sin él, para empezar una nueva vida, sola y lejos de él.
Ahora él sabía que tenía que centrarse en la investigación. Salió del cuarto de baño colocándose una toalla en la cintura, cuando de repente te quedó aturdido:

- Joder Rebeca. !Te he dicho mil veces que llames antes de entrar, que esta vez me has pillado en pelotas¡.

- Sí, lo siento .. Es que habías dicho que vendrías a mi habitación a las nueve, para seguir con la investigación.

Fermín miró el reloj, las 22:18 minutos

- Dios... perdona no había reparado en la hora.

Rebeca vio sus ojos colorados, hinchados y empapados en lágrimas. Se imaginó que Carlos habría estado llorando desde que se marchó a su habitación. Le vio tan agobiado que le ofreció la posibilidad de que esa noche dejasen aparcada la investigación. Así, ella también tendría tiempo para pensar en su relación con Martín. Era un asesino y tenía que tomar la decisión de enfrentarse a ello o olvidarse de él.

- No. No quiero hacerlo. Prefiero centrarme en la investigación.

- Carlos - parecía más una súplica - ¿Te has mirado al espejo? Necesitas descansar. Asimilar que María se ha marchado no es fácil y necesitas pensar. Déjalo. Y mañana seguimos con esto. Además, Saúl nos dijo que llamaría en cuanto averiguase más de ese tío y a dónde lo ha llevado Lucía. Hasta que no llame y nos dé más datos no hay mucho más que hacer.

Pareció convencerles con sus palabras, así que le dejó solo y Rebeca se marchó a su habitación.
Carlos se acostó, en aquella cama que creyó que esa noche sería de los dos. La añoraba tanto que no sabía cómo iba a superar aquello. Si habría alguna forma de olvidarla, de centrarse en otra cosa o en otra mujer … no sería fácil, pero sería la única forma de olvidarla.
Eran las cuatro de la mañana cuando el sueño se apoderó de él y pudo conciliar el sueño. Pero no por mucho tiempo. Quince minutos más tarde el móvil de Carlos empezó a vibrar en la mesilla. Todavía soñoliento, abrió la tapa se su móvil y contestó:

- Dime Saúl - su voz todavía sonaba áspera - ¿habéis averiguado algo más?

- El tipo ese ingresó cadáver hace unas horas en el hospital.

-¿Qué? ¿Estás seguro? Si había alguien que podía contarnos lo que están haciendo o darnos algún dato, era él. ¿Qué vamos a hacer ahora?
- Confío en vosotros.

Carlos se quedó pensando unos segundos. Vivo o muerto ese tío les tenía que dar la información.

- Dame la dirección del hospital ese en el que ingresó.

- Que no os vea nadie y que no sospechen, el hospital pertenece a Ottox.

- Descuida.

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